"...es terminar con la ilusion de que somos naturales hasta el vientre y espirituales en la cabeza... ...somos 100% naturales y 100% culturales..." E. Morin

Observación

Posted: domingo, 17 de febrero de 2013 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | 0 comentarios


"Cuando observamos Júpiter, los fotones de luz solar reflejados en los átomos de su atmósfera atraviesan los varios cientos de millones de kilómetros de espacio interpuesto, penetran en la atmósfera de la Tierra y chocan con las células retinianas, desalojando electrones de los átomos allí situados. Esta mínima perturbación da lugar a una pequeña señal eléctrica que, una vez amplificada y conducida al cerebro, proporciona la sensación «Júpiter». De ahí se deduce que, a través de esta cadena, las células cerebrales están ligadas por fuerzas electromagnéticas a la atmósfera de Júpiter.
Si la cadena de interacciones se amplía mediante el uso de telescopios, nuestro cerebro entra en conexión con la superficie de las estrellas situadas a miles de millones de años luz."

"...Por tanto, no podemos ver estrictamente el «verdadero» Júpiter, sino el Júpiter perturbado
por la presión de la luz. El mismo razonamiento puede aplicarse a todas nuestras observaciones del mundo que nos rodea. Nunca es posible, ni siquiera en teoría, observar las cosas, sino sólo la interacción entre las cosas. Nada puede verse aislado, pues el mismo acto de la observación conlleva alguna clase de conexión. "

Paul Davies. Descarga: "Otros mundos"



Cómo construimos los recuerdos

Posted: lunes, 4 de febrero de 2013 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: , 0 comentarios

"Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles." Funes el memorioso. Jorge Luis Borges. http://www.literatura.us/borges/funes.html
 
Redes 136: Cómo construimos los recuerdos

"Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada más"  Martin Conway

Entrevista de Eduard Punset a Martin Conway, profesor de Psicología en el
City University London. Barcelona, 17 de octubre del 2012.

¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Un aroma, una frase, una imagen es lo que suele quedarse grabado en nuestra memoria, pero el contexto, el resto de circunstancias que visten ese recuerdo es, en gran parte, producto de nuestra imaginación. En este programa de Redes, el neurocientífico Martin Conway explica a Eduard Punset cómo lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad. Y en su sección, Elsa Punset nos muestra cómo la identidad no es un rasgo inmutable, sino algo que podemos modelar.


http://www.youtube.com/watch?v=bnGOZvXLaIw

Eduard Punset:
Nuestros recuerdos son reales, son ficticios, son un invento, ¿cómo es posible que podamos ir
construyendo poco a poco la memoria, los recuerdos, cosas que nos han pasado y cosas que hemos visto a duras penas y que inventamos? Bueno, de eso es de lo que vamos a hablar hoy con Martin Conway, que es el Director del Departamento de Psicología de City University, en London, en Londres. ¿Son reales los recuerdos o son ficticios?

Martin Conway:
Los recuerdos a la vez son reales y no reales. A veces pueden incluso ser hiperreales. Pensamos que están organizados en dimensiones. En un extremo, se corresponden muy directamente con nuestra experiencia del mundo pero en el otro, se corresponden con lo que somos, lo que somos al margen de la realidad.


Eduard Punset:
Creo que fue un grupo de investigadores de Canadá que estudiaron la memoria de los niños hasta los tres años de edad y después de un tiempo, después de seis meses o un año, se habían olvidado de lo que antes habían conservado como un recuerdo real. Sin embargo, cuando intentamos hacer lo mismo con niños de diez años, se acordaban durante mucho más tiempo, durante períodos mucho más largos. ¿Es así o…?

Martin Conway:
Si yo te pidiera esta noche que recordaras todo lo que te ha pasado durante el día, probablemente recordarías muchas cosas. Hemos hecho estudios que sugieren que la gente recuerda entre diez y quince hechos. Si te pidiera mañana que recordaras todos los acontecimientos de ayer, te acordarías de cinco o seis. Si te lo pidiera dentro de un mes, quizás no recordarías ninguno pero la clave de todo esto es que podías recordar esos hechos cuando te lo pedí al principio así que probablemente los recuerdos están ahí, por lo que cuando decimos que los olvidamos no queremos decir que borremos los recuerdos de nuestro cerebro sino que se convierten en inaccesibles a nuestra conciencia.

Eduard Punset:
La gente tiene recuerdos, los has mencionado antes. Tienen recuerdos pero no tienen claro si son inventados o reales. Tengo muchos amigos a los que les he preguntado por sus recuerdos y se los han inventado. Los recuerdos, sabes… Una persona de cuyo nombre no me acuerdo pero es un científico famoso me estaba contando su recuerdo de una bomba que había estallado al lado de la casa donde vivían en Londres, era durante la Segunda Guerra Mundial. Su hermano lo interrumpió y dijo: “Oye, no es verdad, sabes, nuestros padres nos mandaron fuera de Londres durante la Segunda Guerra mundial.”

Martin Conway:
Me encantan los falsos recuerdos. Aunque son falsos no en el sentido de que se hayan inventado a propósito. La verdad es que se fueron abriendo camino desde nuestra memoria a largo plazo y en realidad vienen a apoyar de forma importante algunos aspectos de nuestra identidad personal. Los recuerdos, sabes, llevan mensajes importantes para la identidad personal. Hay algunos estudios interesantes donde se ha preguntado a la gente si hay algunos recuerdos de los que recelen y resulta que casi todo el mundo tiene uno o dos recuerdos que les resultan sospechosos.Sí, recuerdos sospechosos, aquellos de los que no estamos del todo seguros… ¿Sucedió realmente esto o no? Fue un estudio muy bonito donde se recogieron muchos recuerdos deeste tipo. Algunos eran  manifiestamente falsos porque sostenían cosas que no podían ser ciertas pero la persona los recordaba así, como el caso de un hombre que recordaba estar en el parque con su madre cuando era pequeño viendo pasar dinosaurios por el borde de una colina [risas]. Está claro que era un recuerdo equivocado pero lo sentía como un recuerdo y, de hecho, en algunos casos extremos de enfermedad psicológica, recuerdos tramáticos o recuerdos emocionales muy intensos, podemos llegar a tener falsos recuerdos pero que, a pesar de todo, llevan mensajes importantes para nosotros.


Eduard Punset:
¿Y sería así como vosotros, los científicos, diferenciáis un recuerdo real de otro que no lo es?

Martin Conway:
Bueno, a grandes rasgos, no podemos… en cuanto a los recuerdos se refiere, pero hay algunas cosas que podemos decir y hay algunas teorías en torno a ciertos hallazgos que son importantes. Lo primero que hay que cuestionar realmente es qué quiere decir alguien cuando dice que un recuerdo es real, qué quiere decir cuando dicen que es verdad: ¿verdad en qué sentido?, ¿de qué estamos hablando? Bueno, estamos hablando de nuestra experiencia del mundo. Bien, podría ser que haya una feliz coincidencia entre nuestra experiencia del mundo y el mundo, que represente realmente lo que está sucediendo, pero también podría ser que no. Es posible que estemos inmersos en una intensa experiencia emocional, sabes, y en tal caso la experiencia del mundo tendría mucho más que ver con un cierto estado interior que con la realidad y, por lo tanto, nuestros recuerdos también responderían mucho más a esto. No podemos olvidar que los recuerdos son fragmentarios. Si quieres, son una instantánea de algunos momentos de esa experiencia.

Eduard Punset:
Tendemos a olvidarlo a veces o muy a menudo, que es imposible conservar, quiero decir, parece muy raro, casi imposible guardar recuerdos completos en nuestro interior…

Martin Conway:
Totalmente. Bueno, hay otras partes del cerebro también pero piensa únicamente en las consecuencias. Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada más porque estaríamos recordando constantemente ya que se necesita tanto tiempo para recordar como para vivir las experiencias previas, por eso nuestros recuerdos no han evolucionado así, han evolucionado a partir de muestras de experiencias, en general para intentar retener cosas que a nosotros nos parecen relevantes.



El concepto de tiempo quizás no sea tan innato

Posted: | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: , 0 comentarios

El concepto de tiempo quizás no sea tan innato

Área: Antropología — Lunes, 23 de Mayo de 2011

Los amondawa se las apañan tan bien para ignorar totalmente la presión del tiempo que ni siquiera tienen una palabra que lo designe.
Foto
Algunos de los investigadores junto a unos nativos. Fuente: Universidad de Portsmouth.
El lenguaje puede condicionar la visión que se tiene del mundo, o quizás la visión del mundo que se tenga condiciona el lenguaje que hablamos, las palabras que usamos. En el mundo moderno el concepto de tiempo está en todas partes y muchas veces somos esclavos del reloj, pero todavía quedan tribus perdidas que tienen otro estilo de vida.
Ocultos en la selva lluviosa del Amazonas hay una comunidad, los amondawa, que se las apañan tan bien para ignorar totalmente la presión del tiempo que ni siquiera tienen una palabra que lo designe. Esto podría sugerir que el tiempo no es un concepto tan universal como se creía.
El estudio, publicado en Language and Cognition, ha sido realizado por Chris Sinha de la Universidad de Portsmouth.
Según Sinha, para los amondawa el tiempo no existe de la misma manera que existe para nosotros. Según este investigador, se puede decir ahora sin ninguna duda que al menos una lengua y cultura no tiene el concepto de tiempo como algo que se pueda medir, contar o hablar de él en abstracto.
Aunque los amondawa no viven fuera del tiempo, sino que viven en un mundo de eventos, en lugar de ver a los eventos como embebidos en el tiempo.
El equipo de investigadores incluía al lingüista Wany Sampaio y a la antropólogo Vera da Silva. Estos expertos pasaron ocho semanas con los amindawa investigando cómo su lengua expresa conceptos tales como “próxima semana” o “el año pasado”. No había palabras para sus conceptos, sólo las divisiones entre el día y la noche o entre las estaciones seca y lluviosa. Tampoco encontraron nadie que tuviera una edad. En su lugar cambiaban sus nombres para reflejar su estadio en la vida o su posición social. Así por ejemplo, un niño puede dar su nombre a un hermano recién nacido y tomar uno nuevo.
Los occidentales tenemos muchas metáforas para el tiempo y su transcurso, dice Sinha. Pensamos en el tiempo como una cosa y decimos que se ha acabado el fin de semana o que no tenemos tiempo. “Creemos que esas afirmaciones son objetivas, pero no lo son. Hemos creado esas metáforas y han terminando siendo la manera de pensar. Los amondawa no hablan de esa manera y no piensan así, a no ser que aprendan otra lengua”, añade Sinha.
“No esperábamos encontrar esto. Habíamos estudiado la misma lengua antes y volvimos a comprender mejor sus metáforas. Nos sorprendidos al encontrar que el espacio de metáforas para el tiempo y el concepto abstracto del tiempo simplemente están ausentes de su lengua y cultura”.
“Para esta gente afortunada el tiempo no es dinero, no corren contra reloj para completar ninguna cosa y nadie habla acerca de la próxima semana o el próximo año. No tienen ni siquiera una palabra para ‘semana’, ‘mes’ o ‘año’. Se podría decir que disfrutan de cierta libertad.”
Sinha añade que aunque sea extraño el que exista una cultura libre del concepto de tiempo, muchas lenguas amazónicas, incluyendo los amondawa, rara vez tienen números más allá de cinco y si no se tienen números no se tiene al tiempo como un objeto abstracto que se pueda medir.
“El tiempo tiene más que ver con la experiencia que con algo con lo que hayamos nacido. El único reloj biológico es el que hace que nuestros cuerpos envejezcan. Todos nuestros conceptos complejos del tiempo son invenciones culturales, una suerte de tecnología de la mente.”
“Los babilonios inventaron el día de 24 horas y la convención de los 60 minutos en una hora y de 60 segundos en un minuto, y estamos tan regidos por el reloj y el calendario que no nos vemos reflejados en ello. Pero nuestra noción de tiempo es una espada de doble filo. No tendríamos los beneficios de la compleja sociedad fuertemente tecnológica sin él. Pero si lo tenemos, como ya sabemos, es una carga y una fuente de estrés en nuestro moderno estilo de vida de 24/7.”
El tiempo al final nos atrapa. El primer contacto de los amondawa con el mundo exterior se dio en 1986 y han continuado con su forma tradicional de vida y cazan, pescan y cultivan la tierra. Pero, a la misma vez que la electricidad y los cuidados médicos, vino la televisión y la lengua portuguesa. Como otras lenguas en el mundo el amondawa está amenazado de extinción.
“No somos conscientes del gran riqueza que hay todavía por descubrir en la biodiversidad del mundo, y sabemos que deberíamos conservarla para futuras generaciones”, dice Sinha. “Pero la diversidad lingüística y cultural es también un tesoro, no sólo para los científicos, sino para la cualquiera que quiera comprender lo que significa ser humano. No podemos y no deberíamos parar el cambio, pero deberíamos dar más poder a gente como los amondawa para determinar su propio futuro y poder mantener su lengua y tradiciones vivas. Esa es la razón por la que el trabajo de Wany y Vera, que ayudan a la comunidad a asentar su lengua nativa en la escuela, es tan importante.”
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3497

Psicología Cuántica II – El problema de la “Realidad Profunda”

Posted: jueves, 31 de enero de 2013 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: 0 comentarios


De acuerdo con el excelente libro del Dr. Nick Herbert, Realidad Cuántica, la mayoría de los físicos aceptan la “Interpretación de Copenhague” de la mecánica cuántica (más adelante examinaremos las ideas de los físicos que rechazan el Copenhaguismo y tienen otras visiones). De acuerdo con el Dr. Herbert, la perspectiva de Copenhague quiere decir que “no hay realidad profunda”.
Dado que pronto encontraremos motivos para evitar el “es”* de identidad, y otras formas de “es”, permitámonos reformularlo en un lenguaje más operativo -en un lenguaje que no asuma que podemos saber que cosas metafísicamente “son” o “no son” (sus “esencias” invisibles”), sino que únicamente podemos experimentar fenomenológicamente. La Interpretación de Copenhague significa entonces, no que no “hay” “realidad profunda”, sino que el método científico nunca podrá localizar o demostrar experimentalmente una “realidad profunda” que explica todas las otras “realidades” relativas (instrumentales).
El Dr. David Bohm, sin embargo, lo expresa de esta forma: “La visión de Copenhague niega que podamos hacer afirmaciones sobre la realidad”. Esto nos dice algo más que la formulación del Dr. Herbert, si se cavila un poco.
Ambos, el Dr. Herbert y el Dr. Bohm, rechazan el punto de vista de Copenhague. El Dr. Herber ha llamado incluso al Copenhaguismo “la Escuela de Física Científica Cristiana”. Como el Dr. Bohm, el Dr. Herbert -un buen amigo mío- cree que la física puede hacer aseveraciones sobre la realidad.
Estoy de acuerdo. Pero yo limito la “realidad” a aquello que los humanos o sus instrumentos pueden detectar, decodificar y transmitir. La “realdiad Profunda” se encuentra en otra zona enteramente distinta -el área de la filosofía y/o la “especulación”. De este modo, el Dr. Richar Feynman le dijo al Dr. Bohm acerca de su reciente libro, La Totalidad y el Orden Implicado, “Brillante libro de filosofía -pero ¿cuándo va a volver a escribir sobre física?”
Defenderé al Dr. Bohm (y al Dr. Herbert) más tarde. Por el momento, la realidad en este libro significa algo que los humanos pueden experimentar, y la “realidad profunda” quiere decir algo sobre lo cual lo único que podemos hacer es ruido**. La ciencia, como el existencialismo, trata con lo que los humanos podemos experimentar, y la “realidad profunda” pertenece a los filósofos preexistencialistas platónicos o aristotélicos.
Lo único que podemos hacer con la “realidad profunda” es ruido -no podemos hacer afirmaciones significativas (falsables) sobre ella- debido a que lo que hay fuera de la experiencia existencial cae fuera de la competencia del juicio humano. Ningún científico con su pizarra, ningún juez, ningún jurado y ninguna iglesia puede probar nada acerca de la “realidad profunda”, o ni siquiera refutar. No podemos demostrar que tenga o no temperatura, que tenga o no tenga masa, que incluya un Dios, muchos dioses o ningún dios, que huela a rojo o que suene a morado, etc. Podemos hacer ruido, para repetirnos de nuevo, pero no podemos producir datos no-verbales ni fenomenológicos para darle sentido a nuestros ruidos.
Este rechazo a hablar sobre la “realidad profunda” es análogo al Principio de Incertidumbre de Heisenberg, cuyo enunciado niega que podamos saber jamás el momento y la velocidad de una misma partícula al mismo tiempo. También es análogo a la Relatividad de Einstein, que dice que nunca podremos saber la “verdadera” longitud de una caña sino únicamente sus distintas longitudes -en plural- medidas por distintos instrumentos en varios sistemas inerciales por observadores que pueden compartir el mismo sistema inercial de la caña o pueden medirlo desde la perspectiva de otro sistema inercial (así como nunca podemos conocer el “verdadero” intervalo de tiempo entre dos eventos, sino solamente los diferentes tiempos -en plural- medido desde distintos sistemas inerciales). También es análogo a las demostraciones de Ames en psicología perceptiva, que mostraron que no percibimos la “realidad” sino que recibimos señales del ambiente, y las organizamos en suposiciones tan rápidamente que ni siquiera nos observamos a nosotros mismos haciendo suposiciones.
Tales “axiomas de impotencia”, como alguien los llamó alguna vez, no predicen el futuro en su sentido ordinario -sabemos que el futuro siempre nos sorprende. Las limitaciones de este tipo en ciencia significan simplemente que el método científico no puede, por definición, responder ciertas preguntas. Si quieres respuestas a esos tipos de preguntas, tienes que ir a un teólogo o a un ocultista, y las respuestas que obtendrás no satisfarán a aquellos que crean en otros teólogos u ocultistas, o a aquellos que no crean en ningún tipo de Oráculo.
Un ejemplo elemental: puedo darle a un físico, o a un químico, un libro de poemas. Tras estudiarlo, el científico puede presentarme un informe diciendo que el libro pesa X kilogramos, que mide Y centímetros de grosor, que ha sido impreso con tinta de cierta fórmula química y unido con pegamento con otra fórmula química, etc. Pero el estudio científico no puede responder a la pregunta “¿son buenos estos poemas?” (de hecho la ciencia no puede responder ninguna pregunta con las palabras “es” o “son”, pero no todos los científicos se percatan de eso aún).
Entonces, la afirmación de que no podemos encontrar (o demostrarle a otros) una “realidad profunda” (en singular) que explique todas las realidades relativas (en plural) medida por nuestros instrumentos -y por nuestro sistema nervioso, el instrumento que “lee” (interpreta) todos los demás instrumentos- no quiere decir lo mismo que la afirmación “no realidad profunda”. Nuestra incapacidad para encontrar una realidad profunda registra un hecho demostrable sobre el método científico y la neurología humana, mientras que la afirmación “no hay realidad profunda” ofrece una opinión metafísica sobre algo que no podemos probar científicamente o experimentar existencialmente.
Resumiendo, podemos conocer lo que nos dicen nuestros instrumentos y nuestros cerebros (pero no podemos saber si nuestros instrumentos y nuestros cerebros nos informan con precisión hasta que otros investigadores replican nuestro trabajo…).
Lo que nuestros instrumentos y cerebros nos dicen consiste en “realidades” relativas o perfiles de “realidades”. Un termómetro, por ejemplo, no mide longitud. Una cinta métrica no mide temperatura. Un voltímetro no nos dice nada sobre la presión ejercida por un gas, etc. Un poeta no registra el mismo espectro que un banquero. Un esquimal no percibe el mismo mundo que un
taxista de Nueva York, etc.
La noción de que podemos encontrar “una realidad profunda” subyacente a todas estas “realidades” instrumentales/neurológicas relativas descansa sobre ciertos axiomas acerca del universo y de la mente humana, que parecían obvios a nuestros ancestros, pero ahora parecen rotundamente falsa o -peor aún- “sin sentido”.
Mejor que explique el concepto de “sin sentido”. Para los científicos, especialmente para los de la persuasión de Copenhague, una idea parece sin sentido si no podemos imaginar una manera de probarla, al menos en la teoría. Por ejemplo, la mayoría de los científicos podrían clasificar de “sin sentido” las tres proposiciones siguientes:
      1. Los goskits framis distiman los doshes azules los jueves redondos.
      2. Todos los seres vivos contienen almas que no pueden ser vistas o medidas.
      3. Dios me dijo que no comieras carne.
Intentemos imaginar como uno podría probar, o refutar estas afirmaciones a nivel de experiencia o de experimento. Primero tienes que encontrar goskits, doshes azules, almas y “Dios”, y luego meterlos en el laboratorio; después tienes que figurarte cómo medirlos, detectar señales que provengan de ellos o, de algún modo, demostrar que al menos has cogido los goskits correctos, o el “Dios” correcto, etc.
Detente a pensar en ello. Ahora, con un poco de suerte, veremos por qué tales proposiciones parecen “sin sentido” comparadas a una afirmación como “el agua hierve a 45 grados Fahrenheit a nivel del mar en este planeta”, que fácilmente se presta a ser probada (y a la refutación) o “me siento como una mierda”, que probablemente contenga verdad para el hablante, pero siempre permanece problemática (pero no “sin sentido”) para los oyentes, quienes saben que el hablante ha descrito un sentimiento humano común, pero no saben si quiere decir lo que está diciendo o si tiene algún motivo para engañarles. “Me siento como una mierda” puede funcionar como lo que el Dr. Eric Berne llama un Juego de Pata de Palo -el intento de eludir una responsabilidad fingiendo incapacidad.
Consideremos otras ideas no falsables para las que al menos podamos imaginar una prueba, pero para la que en el presente no existe una tecnología que lo permita (“me siento como una mierda” podría caer dentro de esta categoría). Algunos se refieren a esta enigmática clase de proposiciones como “indeterminadas” más que propiamente “sin sentido”. Las siguientes afirmaciones se presentan como indeterminadas:
      1. La estrella de Barnard tiene uno o más planetas en su órbita.
      2. Homero eran en realidad dos poetas que escribían en colaboración.
      3. Los primeros colonizadores de Irlanda venían de África.
No podemos “ver” la estrella de Barnard tan claramente como para probar o refutar la primera aserción, pero probablemente la veremos lo suficientemente clara como para tomar una decisión después de que el telescopio espacial se ponga en órbita (desde la Tierra se pueden ver frecuentes oclusiones de la estrella de Barnard que han llevado a muchos astrónomos a sospechar que nuestra visión de ella queda bloqueada periódicamente por planetas orbitando, pero esta deducción sigue siendo una suposición hasta la fecha en que escribo esto). La gente puede tirarse discutiendo acerca de Homero para siempre, pero nadie probará su suposición hasta que ocurra algún avance en la tecnología (por ejemplo, que un análisis informático de la elección de palabras pueda determinar si un manuscrito tuvo uno o dos autores, o que inventemos una máquina del tiempo…). Algún día la arqueología puede que avance hasta el punto de identificar los primeros habitantes de Irlanda, pero por ahora solamente podemos inferir que quizás algunos vinieran de África.
Así pues, donde la lógica aristotélica asume tan sólo las dos clases “verdadero” y “falso”, la ciencia post-Copenhaguista tiende a asumir cuatro clases, aunque sólo el Dr. Anatole Rapoport lo ha dicho claramente – “verdadero”, “falso”, “indeterminado” (no falsable todavía) y “sin sentido” (no falsable nunca). Algunos positivistas lógicos también se refieren a afirmaciones “sin sentido” como “abusos del lenguaje”; Nietzsche simplemente las llamó “estafas”. Korzybski las describió como “ruidos”, un término que ya he tomado prestado.
Entre las proposiciones acerca del universo que subyacen la falacia de “una realidad profunda”, se puede mencionar el concepto del universo como cosa estática, donde la investigación actual parece indicar que concebirlo como un proceso activo encaja mejor con los datos. Una cosa estática o una entidad parecida a un bloque puede tener una “realidad profunda” pero un proceso tiene trayectorias cambiantes, evolución, “flujo” Bergsoniano, etc. Por ejemplo, si los primates tuvieran una “realidad profunda” o “esencia” aristotélica no podríamos distinguir a Shakespeare de un chimpancé.
(Nuestra incapacidad para distinguir a ciertos predicadores fundamentalistas de los chimpancés no contradice esto).
“Una realidad profunda” también implica la idea del universo como un asunto de dos caras hecho de “apariencias” y una “realidad subyacente”, como una máscara con una cara tras ella. La investigación moderna, sin embargo, indica una serie indefinida de apariencias en diferentes niveles de zoom instrumental y encuentra no una “sustancia” o “cosa” o “realidad profunda” que subyace a todas las diferentes apariencias que reportan distintos tipos de instrumentos. Por ejemplo, la filosofía tradicional y el sentido común asume que el héroe y el villano tienen diferentes “esencias”, como en los melodramas (el villano puede llevar la máscara de la virtud, pero sabemos que “es realmente” un villano); pero la ciencia moderna dibuja las cosas en flujo, y flujo en las cosas, de modo que el sólido se convierte en gas y el gas se vuelve a convertir en sólido, así como el héroe y el villano se difuminan y se vuelven ambiguos en la literatura moderna o en Shakespeare.
Un modelo, o realidad-túnel, nunca “lleva una corona”, por así decirlo, y se sienta en un esplendor de realeza sobre todos los demás. Cada modelo tiene sus propios usos en su área apropiada. “Un buen poema” no significa nada en ciencia, pero tiene muchos, muchos significados para los amantes de la poesía -un significado distinto, de hecho, para cada lector…
Resumiendo, “una realidad profunda” parece, bajo este prisma, tan absurda como “un instrumento correcto”, o la “única religión verdadera” medieval; y preferir, por decir algo, el modelo ondulatorio de la “materia” al modelo partícula parece tan estúpido como afirmar que el termómetro dice más acerca de la verdad que el barómetro.
Pauline Kael siempre odia las películas que a mí me gustan, pero esto no significa que uno de nosotros tenga un “detector de buenas películas” defectuoso. Simplemente quiere decir que vivimos en realidades émicas diferentes.
Quizás nos hayamos ido un poco más lejos de lo que al operativista estricto le gustaría. No hemos insinuado solamente que la “verdad física” no posee más “profundidad” intrínseca que la “verdad química”, o que la “verdad biológica”, o incluso la “verdad psiquiátrica”, y todas estas realidades émicas tienen sus usos en sus propios campos, sino que abrimos la posibilidad de que la “verdad existencial” o la “verdad fenomenológica” (las verdades de la experiencia) tienen tanta “profundidad” (y/o son tan “superficiales”) como cualquier verdad científica (o filosófica) organizada.
De este modo, los psicólogos radicales nos preguntan: ¿acaso la “realidad” de la esquizofrenia o la del arte no permanece “real” para aquellos que se encuentran en un estado esquizofrénico o artístico, no importa el sinsentido que parecen ser estos mismos estados para el no-esquizofrénico o para el no-artístico? Los antropólogos incluso preguntan: ¿acaso las realidades émicas de otras culturas no permanecen reales para aquellos que viven en esas culturas, no importa lo bizarras que puedan parecerle la jerarquía de Machos Blancos Geriátricos que define la “realidad oficial en nuestra cultura?
A finales del siglo dieciocho, la ciencia creía que el sol “era” una roca ardiente (ahora lo modelamos como un horno nuclear). William Blake, el poeta, negaba que el sol “fuera realmente” una roca y aseguraba que “era” una banda de ángeles cantando “Gloria, Gloria, Gloria al Señor Dios Todopoderoso”. La fenomenología dirá solamente que la visión científica parece útil a la ciencia, en cierta fecha, y que la visión poética parece útil a los poetas, o a algunos poetas. Este punto parece perfectamente claro si uno visiblemente evita el “es de identidad”, como yo acabo de hacer, pero abre un debate que gira en torno al Caos y el Sinsentido si uno lo reescribe como “el sol es una roca, o un horno, para la ciencia, pero también es una banda de ángeles para cierto tipo de poetas”. Intentad debatir esa formulación durante un rato y se entenderá por qué los físicos empezaron a parecer un poco locos cuando discutían “la materia son ondas, pero también son partículas” (antes de que Bohr les enseñara a decir “podemos modelar la materia como ondas o podemos modelarla como partículas, en diferentes contextos”).
Parece entonces, que desde ambos puntos de vista, el operativo y el existencial que las afirmaciones del “ser” no tienen sentido, especialmente si caen tipos como:
      1. La física es real; la poesía es un sinsentido.
      2. La psicología no es una ciencia verdadera.
      3. Sólo hay una realidad, y mi iglesia (cultura/campo científico/ideología política, etc) lo sabe todo sobre ella.
      4. Las personas que están en desacuerdo con este libro son una panda de gilipollas.
No obstante, parece que, a causa de que el sinsentido de todas las afirmaciones del “ser” no se reconoce generalmente, muchos físicos se confunden a sí mismos y a sus lectores diciendo “no hay realidad profunda” (o peor, “no hay tal cosa llamada realidad”. Vi esto último impreso, por un distinguido físico, pero por compasión no mencionaré su nombre).
Muy similar a esta confusión en la mecánica cuántica, los popularizadores de la psicología Transaccional -e, incluso más, los popularizadores de las filosofías orientales que recuerdan a la psicología Transaccional- a menudo nos dicen que “la Realidad no existe” o que “creas tu propia realidad”. Estas proposiciones no puede probarse, y no pueden refutarse tampoco -una objeción más seria hacia ellos que su falta de pruebas, ya que la ciencia ahora reconoce que las proposiciones irrefutables no tienen “significado” operativo o fenomenológico.
Así que, “pase lo que pase, a pesar de lo trágico y horrible que nos pueda parecer, ocurre para servir el bien supremo, o Dios no dejaría que ocurriera” -una idea muy popular, especialmente entre aquellos que soportan terribles penas- puede servir como función terapéutica para aquellos que se encuentran en un gran dolor emocional, pero también, desgraciadamente, contiene el clásico rasgo de pura habladuría vacía. Ninguna posible evidencia podría refutarlo, dado que la evidencia cae en la categoría de “cómo nos parecen las cosas”, y la afirmación rechaza dirigirse a esa categoría.
“Tú creas tu propia realidad” tiene el mismo carácter irrefutable y no falsable, y por tanto también entra en la clase de habladuría sin sentido, o en los “fantasmas” de Stirner (o en las “estafas” de Nietzsche o en los ruidos de Korzybski).
Lo que los popularizadores deberían decir, si su objetivo fuera la precisión,tomaría una forma más limitada y existencial. Tú creas tu propio modelo de realidad, o tú creas tu propia realidad-túnel (por tomar prestada una frase del brillante, si bien difamado, Dr. Timothy Leary) o (como dicen en sociología) creas tu propia visión de las “realidades” que encuentras. Cada una de estas formulaciones se refieren experiencias en el espacio-tiempo definidas y específicas, que fácilmente se confirman a sí mismas tanto en la demostración del día a día como en los experimentos controlados de percepción en laboratorio.
[…]
Así pues: el primer parecido entre la mecánica cuántica y el software cerebral -el primer paso en crear lo que me he atrevido a llamar Psicología Cuántica- se halla en reconocer el hecho de que el estudio tanto de la “materia” como de la “mente” nos lleva a cuestionar las nociones normales de “realidad”.
El segundo parecido se encuentra en el hecho de que dicho cuestionamiento puede degenerar fácilmente en un puro galimatías si no ponemos un especial cuidado en nuestras palabras (y, he aprendido que, incluso si si ponemos especial cuidado en nuestras palabras, algunas personas leerán de forma descuidada y aún se llevarán un mensaje repleto de los galimatías que hemos tratado de evitar).
Consideremos las dos siguientes proposiciones:
      1. Mi jefe es un borracho machista, y me pone enferma.
      2. Mi secretaria es una zorra llorica e incompetente, y no me queda más opción que despedirla.
Ambas representan procesos mentales que ocurren miles de veces al día en las empresas modernas.
Ambas también se muestran como “abusos del lenguaje” o como mero “ruido” de acuerdo con la actitud científica moderna presentada en este libro. Si imaginamos estas frases dichas en voz alta por personas en terapia, distintos tipos de psicólogos los “tratarían” de diferentes modos, pero los terapeutas Racional-Emotivos, siguiendo al Dr. Albert Ellos, forzarían al paciente a reformular las elocuciones de acuerdo con los mismos principios a los que se insta en este capítulo.
En ese caso, las afirmaciones serían, traducidas del aristotélico a existencial, como:
      1. Percibo a mi jefe como un borracho machista, y ahora mismo no percibo ni recuerdo (o percibiré ni recordaré) nada más sobre él, y enmarcar mi experiencia de este modo, ignorando otros factores, me hace sentir mal.
      2. Percibo a mi secretaria como una zorra llorica e incompetente, y ahora mismo no percibo ni recuerdo (o no percibiré ni recordaré) nada más sobre ella, y enmarcar mi experiencia de este modo, ignorando otros factores, me inclina a tomar la decisión de despedirla.
Esta reformulación puede que no resuelva todos los problemas entre jefes y secretarias, pero mueve los problemas fuera de la arena de la metafísica medieval a un territorio donde las personas pueden tomar responsabilidad de manera significativa de las elecciones que toman.
Psicología cuántica. Robert Anton Wilson.
Traducción de Ka.  para Fragmentos de Textos Selectos
* En inglés “hay” es “there is”. En una traducción literal sería “ahí es”. A este “es” se refiere Wilson (N. del T.)
** Por ruido, Wilson se refiere a interferencias, como las que ocurre entre aparatos electrónicos, o en la comunicación humana por malentendidos (N. del T.)

fuente: http://fragmentosdetextosselectos.wordpress.com/2012/06/08/el-problema-de-la-realidad-profunda/

Vivimos en el pasado: 8 fascinantes paradojas del tiempo y la percepción

Posted: martes, 8 de noviembre de 2011 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: , 0 comentarios

Vivimos en el pasado: 8 fascinantes paradojas del tiempo y la percepción

FUENTE :http://pijamasurf.com/2011/11/vivimos-en-el-pasado-8-fascinantes-paradojas-del-tiempo-y-la-percepcion/

Vivimos constantemente 80 milisegundos en el pasado, el futuro es tan real como el pasado y fluye hacia el presente... el tiempo y la percepción están estrechamente ligados, de tal forma que al pensar qué es el tiempo no logro responder, posiblemente porque la respuesta que estoy buscando es con lo que estoy buscando

“The time is out of joint—O cursed spite,
That ever I was born to set it right!”,
Hamlet I.V.211-2. 
“Cuando no me preguntan qué es el tiempo, lo sé; cuando me lo preguntan, no lo sé”, escribió San Agustín. La frase refleja la naturaleza inaprehensible y paradójica del tiempo, uno de las grandes temas de la reflexión filosófica de todas las épocas que recientemente ha pasado sobre todo al ámbito de la física y de la neurociencia.
Quizás la definición más significativa del tiempo en los últimos 150 años es la de Einstein, quien hizo de este elusivo –y a la vez tiránico– elemento de la realidad una parte integral de la geometría del universo (la cuarta dimensión) ligándolo  al espacio como un continuum y entendiéndolo como relativo a la velocidad con la que se mueve un objeto (tal que alguien moviéndose a la velocidad de la luz no percibiría el paso del tiempo).  Sin embargo, los misterios del tiempo (la imagen en movimiento de la eternidad, según Platón) están lejos de ser agotados y han sido examinados de manera fascinante en la reciente conferencia de FQXi en Copenhague, donde participaron algunas de las mentes más brillantes de la ciencia moderna.
1. El tiempo existe- Esta es la conclusión a la que llegaron los participantes de la conferencia. Aunque su existencia podría  no ser  fundamental, sólo una propiedad emergente de la gravedad cuántica. La conferencia no entró en detalles filosóficos y muchos menos metafísicos (ya que esto sería contradecir su profesión), pero nosotros podemos preguntarnos sin estar supeditados al método de razonamiento científico, si el tiempo es sobre todo un un reflejo de la mente en el espacio, un orden proyectado por el fenómeno emergente de la conciencia y, como tal, existe en relación a la conciencia o conciencias que se reflejan en el universo. Según el misticismo oriental existe una conciencia absoluta que se experimenta a sí misma a través de todas las conciencias individuales y grupales, y se percibe de manera simultánea, supratemporal. Y si el tiempo existe de manera colectiva, inscrito en el telar del universo, ¿no podría ser justamente un pensamiento en esa mente universal?  ¿Nuestro tiempo,  la duración de su sueño?

2. El pasado y el futuro son igualmente reales - La física enseña que todos los eventos en el pasado y en el futuro están implícitos en todo momento presente. El mismo Einstein creía que el pasado y el futuro eran parte de una unidad existencial y escribió “Para nosotros los físicos la separación entre pasado, presente y futuro es una ilusión, aunque una convincente”. El que nos cueste entender que toda la existencia  –todo el tiempo– del universo está ligado en un flujo continuo de concatenación ubicua, tiene que ver con que nuestra percepción es muy limitada, y lo que vemos, el tiempo que percibimos, es el resultado de como está construida nuestra percepción.  En un sentido puramente físico, la información –como un salmón cuántico– viaja tanto del pasado hacia el futuro como del futuro al pasado.  En palabras de Einstein, al menos la sucesión temporal unidireccional, es una ilusión.  Podríamos pensar el universo,  regersando a la concepción de la conciencia brahmánica, como un solo instante que se fractaliza en todos nuestros instantes, y se recrea.

3. Todos experimentamos el tiempo de manera distinta- Esto es verdad a diferentes niveles, tanot física como biológicamente.  La visión del tiempo universal newtoniana (el universo como un divino reloj) ha sido refutada por la física de la relatividad. Desde un punto de vista biológico y neurológico, el tiempo que puede medir un reloj atómico no tiene la relevancia que tienen nuestros propios ritmos circadianos (nuestro reloj biológico) y nuestra acumulación de memorias. Esto hace que la percpeción del tiempo varíe según quiénes somos, cuántos años tenemos, qué hemos vivido y qué estamos viviendo en ese momento (el neurocientífico David Eaglemen realizó una serie de experimentos que muestran cómo cuando estamos asustados, y en general bajo el influjo de la novedad, el tiempo parece pasar más lento). Esto explica también por qué el tiempo aparenta pasar más rápido cuando envejecemos: ya que entre más vivimos generalmente más repetimos cosas que ya hemos vivido antes. Así que para ser jóvenes –al menos en percepción– la clave está en hacer cosas nuevas. Sería interesante aplicar este razonamiento a las experiencias cercanas a la muerte, que reportan supuestamente estados de percpeción temporal tales que “toda una vida” puede flashear en un segundo, acaso al entrever el agujero negro de la “singularidad” el estado de novedad es tanto que, como si viajaramos a la velocidad de la luz por un instante, percibimos una dilación temporal que simula la eternidad. 
4. Vives en el pasado. - Una versión diminuta del desfase que produce la relatividad –las estrellas que vemos en el cielo brillan con luz de hace miles de años, por ejemplo– es que  existe una diferencia –mínima pero  físicamente real– entre el acaecimiento de un evento y nuestra percepción del mismo, lo que implica que vivimos 80 milisegundos en el pasado. “Cuando piensas que un evento ocurre ya ha sucedido”, dice  David Eaglemen. En cierta forma esa clave espiritual de vivir en el presente nos es imposible.  Nuestro cerebro tarda 80 milisegundos  en ensamblar una experiencia consciente después de percibir una señal.  Esto ocurre ya que nuestro cerebro se toma el tiempo de sincronizar todo lo que percibimos, cuando las cosas ocurren a diferentes velocidades y a diferentes distancias (por ejemplo el sonido y la luz viajan a diferente velocidad, algo que cotidianamente podemos percibir en un rayo). Asi que rigurosamente siempre  estamos haciendo una neurosíntesis pretérita de lo ocurrido –¿cómo mirar a la naturaleza real desnuda sin ningún filtro?– y el zen es memoria.
5. Tu memoria no es tan buena como pensabas-  Las mismas zonas del cerebro se activan cuando imaginamos algo en el futuro que cuando recordamos algo en el pasado. Esto hace que se atenuen las líneas entre lo vivido y lo imaginado,  y  que fácilmente podamos confundir recreaciones y proyeccciones con hechos “reales” experimentados. Al mismo tiempo cada vez que recordamos algo recurrimos a esa memoria no cómo ocurrió originalmente, sino como la recordamos la última vez (un salvar archivo cómo). Podemos deducir entonces que recreamos constantemente nuetras vidas, nos las re-presentamos con recuerdos que modifican lo sucedido pero aparentan tejer su narrativa como si fueran objetivos. Si a esto le agregamos que las cámaras de nuestros ojos están atravesadas por neuronas y la primera imagen que vemos ya es en sí misma un recuerdo del instante, entonces no debe de sernos extraño que muchas personas creen que creamos la realidad y dudan  de la existencia de una realidad independiente de la mente. ¿Y si existiera como percibirla?
Un caso interesante (relacionado con varios de los puntos expuestos) es el de la tribu amazónica de los amondawas, quienes no tienen un lenguaja para describir el tiempo, y por lo tanto no diferencían entre un evento y el tiempo en el que sucede, están embebidos en un mismo plano dimensional, como un barco que fuera también el río en el que navega. ¿Tal vez es el lenguaje, aquello que nos distingue de los animales, y nos otorga la divinidad de nombrar (y por lo tanto conocer), lo que nos expulsa de la eternidad del presente, al hacerno vivir en la reflexión, en el reflejo de las cosas?
6. La conciencia depende de la manipulación del tiempo – Aunque el hipotético presente perpetuo parece estar fuera del reino del lenguaje y su naturaleza sucesiva ( sólo los jeroglíficos buscan atentar contra esta temporalidad creando imágenes y símbolos multidimensionales), algunos neurocientífcos creen que no poderíamos tener conciencia de esta silenciosa eternidad, ya que justamente es nuestra capacidad gramática de manipular el tiempo –de imaginar futuros alternativos y construir sus posibilidades lingüísticamente– lo que define  la particularidad  de nuestra conciencia. Esta especie de negociación de realidades y de proyección de escenarios es parte intrínseca del ser humano, un ser que no sólo sabe que es, sabe que podría ser otro.
7. El envejecimiento puede ser revertido- La tendencia del universo es hacia la entropía (el desorden y la decadencia), pero las piezas individuales del puzzle pueden ir en contra de la guadaña de Cronos (y una prueba de ello es que podemos construir refirigeradores).  Evitar el envejecimiento ya es logrado de manera natural por un tipo de medusas caribeñas y actualmente la ciencia ha avanzado detectando la enzima del envejecimiento, la telomerasa, induciendo un proceso de rejuvenecimiento celular en ratas. La nostalgia de una eterna primavera de plenitud física podrá ser en el futuro sólo eso, un recuerdo.
8. Una vida es mil millones de latidos - Todavía no hemos vencido la muerte y mientras tanto compartimos con todo la vida conocida un proceso de finitud. Pese a que pensamos que nuestra vida es mucho más larga (y rica) que la de un mosquito, en cierta forma, sobre todo entendiendo que el tiempo es relativo a la velocidad y a la percepción, todos los animales vivimos lo mismo. Existe una notable relación entre masa corporal y metabolismo; los animales más grandes viven más pero metabolizan más lento, por lo cual palpitan menos. Estos efectos se cancelan de tal manera que una ballena azul y una musaraña experimentan casi el mismo número de latidos en su vida.  Y si el corzón es el marcapaso, el gran reloj de fuego:  tal vez no sería incorrecto decir que todos vivimos la misma cantidad de tiempo.
No hay duda que el tiempo, el río de espejos en el que (auto)conocemos el mundo, es un profundo misterio.  San Agustín, doctor de la Iglesia y versado como pocos en filosofía y metafísica, no logró responder a la pregunta de los hexagramas mutantes, probablemente porque al intentar contestar “¿que és el tiempo?” la respuesta se veía comprometida por una paradoja:  aquello que buscaba es con lo que buscaba.  Como dijera Borges:  ”El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río”. Cuando la serpiente se muerde la cola lo sabe, pero entonces ya no puede decir nada.
Con información de Scientific America y Discover Magazine

Las "semillas" de la discordia del desarrollo geográfico desigual: O por qué los incas no conquistaron Europa

Posted: sábado, 30 de enero de 2010 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: 0 comentarios

Las "semillas" de la discordia del desarrollo geográfico desigual: O por qué los incas no conquistaron Europa 


Antonio Bellisario*
* Profesor Asociado Departamento de Geografía, Universidad de Concepción, Concepción, Chile. Profesor Invitado, Department of Urban and Regional Planning, California State Polythectnic University, Pomona, EE.UU. E-mail: abellisario@udec.cl; antoniob@csupomona.edu


 http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-04622006000200007&script=sci_arttext


...No es que los antiguos habitantes de la media luna fértil fueran más dotados o más inteligentes y vislumbraron primeramente las ventajas de la agricultura. Ellos no tuvieron ninguna idea de estas necesidades. En su lugar, la supremacía del desarrollo tecnológico de los euroasiáticos fue una consecuencia involuntaria, sin intencionalidad _una unintended consequence en el lenguaje de la epistemología de las ciencias sociales anglosajonas. Eurasia, en general, y la media luna fértil, en particular, contaban con los antepasados silvestres de las más valiosas especies vegetales y animales susceptibles de ser domesticadas. El trigo y la cebada, el antepasado de los vacunos, las ovejas, las cabras, los cerdos y los caballos, todos eran nativos de la media luna fértil. Además, la configuración geográfica del continente permitió la rápida difusión de dichas plantas y animales, y de otros adelantos tecnológicos, gatillando un intensivo desarrollo de las fuerzas productivas, lo que, unido al temprano desarrollo de las armas (de hierro y biológicas), les proporcionó a los descendientes de los antiguos euroasiáticos una supremacía militar que, últimamente, les otorgó el control geopolítico del globo.


¿Por qué los aborígenes australianos siguen siendo cazadores-recolectores? Porque nadie ha podido hoy domesticar los canguros, los únicos grandes mamíferos salvajes de Australia. La única planta de Australia que se ha domesticado son las nueces de macadamia, pero no se puede alimentar a toda una civilización sedentaria sólo con nueces de macadamia. Pero sí se puede hacer con el trigo, la cebada, las arvejas, las lentejas, etc. Esta es la razón por la que los aborígenes australianos siempre fueron cazadores-recolectores y los euroasiáticos fueron los primeros cultivadores y ganaderos. Cuando los europeos construyeron una sociedad industrializada en Australia, tuvieron que importar todos los elementos claves (tales como los cultivos y la tecnología) desde afuera.




GERMENES


Diamond argumenta que los gérmenes que producen las enfermedades contagiosas más mortales que afectan a los humanos fueron un subproducto de la domesticación de los animales. En efecto, éste es uno de los descubrimientos más sorprendentes al que se ha llegado con el actual desarrollo de la biología molecular. Ahora sabemos que la viruela, el sarampión y otras enfermedades epidémicas de los seres humanos se desarrollaron a partir de enfermedades de nuestros animales domésticos con los cuales entramos en contacto íntimo cuando comenzamos a domesticarlos hace 11.000 años. La viruela pudo haberse desarrollado de una enfermedad de nuestros camellos domésticos. El sarampión se desarrolló ciertamente de una enfermedad de nuestros ganados domésticos. Las poblaciones euroasiáticas se vieron expuestas a estas enfermedades y, gradualmente, desarrollaron resistencias inmunitarias y genéticas contra ellas. Pero las culturas de otras latitudes (como las etnias originarias americanas) sin estos grandes animales domésticos, con la excepción de las llamas y alpacas, no desarrollaron estos gérmenes ni la inmunidad a ellos. Cuando llegaron los europeos portando en su dossier biológico la viruela, el sarampión y otros gérmenes mortales, los pueblos originarios murieron antes de que pudieran incluso alcanzar el campo de batalla: los gérmenes de Eurasia los mataron. Esta es la razón fundamental de cómo la geografía inclinó la balanza en el desarrollo de ciertas sociedades del mundo.
De esta forma, la domesticación de los animales suministró a los euroasiáticos resistencias inmunitarias a dichas enfermedades. Los animales domesticados producen microbios mortales al hombre. Pero con el paso del tiempo, los portadores humanos desarrollan inmunidades a estos gérmenes y, al mismo tiempo, estos organismos evolucionaron para no matar demasiado rápido a sus hospederos humanos. Sin embargo, los pueblos originarios del Nuevo Mundo, de Africa y de Australasia no domesticaron estos animales y no estuvieron expuestos a los gérmenes de enfermedades transmisibles de los europeos y, por ende, sucumbieron en masse durante la edad de la exploración europea. El caso más paradigmático de este proceso, por supuesto, fue la declinación de la población de los incas y de los aztecas por los gérmenes que acompañaban a los conquistadores españoles. Una vez más, la audacia y la inteligencia no estuvieron relacionadas con el éxito militar de los europeos.
En suma, el argumento propuesto por Diamond para explicar por qué fueron los descendientes de los euroasiáticos los que conquistaron Perú, México, Australia y gran parte de Africa, es el siguiente: las sociedades de Eurasia adquirieron ventajas claves al desarrollar las semillas, los animales domesticados y la resistencia a los gérmenes de enfermedades mortales. La geografía de Eurasia posibilitó la difusión de la agricultura, lo que facilitó, a su vez, el desarrollo de la urbanización y la creación de una clase de especialistas no agrícolas. Tal temprano desarrollo fue amplificado de manera cada vez mayor por la innovación tecnológica, especialmente de las armas de hierro. De esta manera, para 1492, los descendientes de los antiguos euroasiáticos habían concentrado extraordinarias ventajas sobre otras culturas. Más aún, dicho patrón de desarrollo los lanzó hacia una imperativa expansión geográfica en búsqueda de nuevos mercados y recursos. Así, llegaron a otras tierras para ganar gloria y hacerse ricos; en el proceso, conquistaron y dominaron a diversos pueblos y etnias con sus armas superiores, principalmente con las enfermedades del Viejo Mundo, para las cuales los pueblos nativos no tenían resistencias inmunitarias.

“La religion de Charles Darwin”

Posted: lunes, 9 de noviembre de 2009 | Publicado por Predicad0r ∞(...)∞ | Etiquetas: 0 comentarios

"...cualquier cosa que se ofrece al público debería estar maduramente sopesada y expresarse con cautela"

"En cierto sentido no estoy dispuesto a expresarme públicamente sobre temas religiosos, ya que no tengo la sensación de haber reflexionado lo bastante en ellos como para justificar su publicación"



La religión de Charles Darwin
En sus obras publicadas, mi padre se mostró reticente en el tema de la religión, y lo que queda al respecto no fue es­crito con visos de ser publicado.1
Creo que su reticencia surge a partir de diversas causas. Él era de la firme creencia de que la religión es esencial­mente una cuestión privada y que sólo atañe al interesado. Esto queda en evidencia en el siguiente extracto de una car­ta fechada en 1879:2
«Mis puntos de vista son un asunto sin consecuencia más que para mí mismo. Pero, ya que me lo pregunta, de­bería declarar que mi opinión suele fluctuar. [...] En mis fluctuaciones más extremas nunca he sido un ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios. Creo que en ge­neral (y más lo creo a medida que mayor me hago), pero no siempre, agnóstico sería la descripción más correcta de mi estado mental».
Evitaba por naturaleza herir la sensibilidad de los demás en cuestiones religiosas, y estaba también influido por la percepción de que nadie debería publicar sobre un tema al que no le hubiera dedicado una reflexión especial y conti­nuada. El hecho de que consideraba esta advertencia apli­cable también a su persona queda demostrado en una car­ta al doctor F. E. Abbott, de Cambridge, Estados Unidos (6 de septiembre de 1871). Después de explicarle que la debili­dad originada por su mala salud le impedía experimentar«una reflexión igual de profunda, sobre el tema mas profundo que puede ocupar la mente del hombre», o continua diciendo: «Con respecto a las anteriores notas que le remiti casi tengo olvidado su contenido. Tengo que escribír muchas cartas, y poco puedo reflexionar sobre lo que escribo; pero pienso de verdad y espero, no haber escrito jamas, una palabra que no creyera en su momento; y espero que este deacuerdo conmigo en que cualquier cosa que se ofrece al público debería estar maduramente sopesada y expresarse con cautela. Nunca se me ocurrió que fuera usted a desear imprimir un extracto de mis notas: de haber sido así, hubiera conservado una copia. Pongo "confidencial" por costumbre, ya que se han publicado algunas notas escritas por mi de forma apresurada, que no merecían ser publicadas de ningún modo, aunque fuesen irreprochables. Resulta simplemente ridículo suponer que merecería la pena envíarme la anterior nota que le remití, indicando las partes que debia usted publicar; pero si así quiere hacerlo, enseguida le diré si tengo alguna objeción. En cierto sentido no estoy dispuesto a expresarme públicamente sobre temas religiosos, ya que no tengo la sensación de haber reflexionado lo bastante en ellos como para justificar su publicación».
Lo que sigue es de otra carta dirigida al doctor Abbott (16 de noviembre de 1871), en la que mi padre expresa de manera más completa los motivos por los que no se siente cualificado para escribir sobre asuntos religiosos y moral
«Declaro con total sinceridad sentirme honrado por su solicitud de convertirme en colaborador de Index, y muy complacido por el borrador. Subscribo, también, el principio de que el deber de cualquier persona es difundir lo que considera como verdad; y le honro por hacerlo, con tanta devoción y celo. Pero no puedo acceder a su solicitud por diversos motivos. Discúlpeme por ofrecérselos con tanto nivel de detalle, ya que sentiria mucho quedar ante usted como un descortés. Mi estado de salud es muy débil: Nunca paso veinticuatro horas sin algún tipo de sensación de malestar, momento en el que no puedo hacer nada en ab­soluto. Como consecuencia de esto, esta temporada he per­dido dos meses seguidos. Debido a esta debilidad, y a los frecuentes mareos que sufro, me siento incapaz de dominar nuevos temas que exijan gran reflexión, y sólo trabajo con materiales antiguos. Nunca he sido un pensador o un escri­tor rápido; todo lo que he hecho en el terreno de la ciencia ha sido únicamente resultado de largas reflexiones, pacien­cia y laboriosidad.
»La verdad es que nunca he pensado sistemáticamente mucho en la religión en relación con la ciencia, o en la mo­ral en relación con la sociedad. Sin tener mentalmente pre­sentes estos temas con regularidad y durante un periodo prolongado, me siento incapaz de escribir nada que merez­ca le pena enviar al Index».

Autobiografia” Charles Darwin . APENDICE pagina 138: “La religion de Charles Darwin”